Desde un pequeño lugar del mundo











La intención de Gopegui es muy buena, ¿qué mejor que en una adolescente que surja la necesidad de rebeldía, de buscar su propia identidad, su propio lugar en el mundo, sus propias razones? Quizá lo peor de la lectura de este libro, con el que coincido en muchas de sus tesis, es tener a Hornby detrás, el autor que mejor me ha hablado de música en una novela. Y es un tema complicado, porque hablar d euna canción, hacer que se escuche con palabras que no son las que usa el compositor es complicado. Y Hornby habla de música, sin distinciones, para él todo es pop: ¿escuchaba música pop por tener el corazón roto o tenía el corazón roto por escuchar música pop?, creo que decía en Alta Fidelidad. Y esa es la parte en la que mi percepción es distinta de la de la autora: es cierto que hay música con más actitud, con más fuerza, más desagarradora, pero por ello no puedo dejar de escuchar la melodía que me emociona por hermosa, aunque sea pop, o precisamente porque me va a hablar de otros temas, que también me preocupan. A veces, tan importante puede ser gritar con Nirvana, que dejarse susurrar y mecer con Belle and Sebastian.

Lejos de la prosa cuidada que nos tiene acostumbrados la autora desde Lo Real, sorprendente y emocionante libro, nos llega esta ora, que no puedo dejar de calificar de menor, entretenida pero sin ambición.



etcétera
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