De nuevo este director me fascina. Ha conseguido dar su propia personalidad a un personaje más que conocido. Desde luego su movimiento de cámara, tan característico, con esos cambios de velocidad tanto en las peleas como en las escenas de acción, siguen presentes. Una de las cosas que no me gustaban de las novelas de Doyle es la sensación de engaño, de estar escondiendo algún dato que al final sólo Holmes conocía para mantener el final sorpresa. Aquí lo consiguen resolver de mucha mejor manera, descubriéndonos las engaños por tramos y con una sorpresa final que Holmes deduce pero con los mismos elementos que tiene el espectador. Así que Ritchie impregna de su personalidad en los elementos más característicos de su forma de rodar: en la cámara y en el argumento.
Y sin duda uno de los puntos fuertes es la caracterización del personaje de Downey Jr, que consigue un acento y un estilo nada esperable para el Holmes al que nos tienen acostumbrados: metódico sí, pero mucho más ácido y caótico, un encanto de personaje, digno de repetirse.



