Basada en una novela de Claudia Pineiro nos narra la historia de cuatro matrimonios, vecinos de una acomodada zona residencial. La historia transcurre durante el corralito y nos muestra el deterioro del sistema: lo obvio, las clases bajas tomando las calles, y por otro lado cómo los que creen estar en la cima del sistema son una parte más del engranaje. La historia es lo sifucientemente buena como para tener al meor Sbaraglia, hacía tiempo que no lo veía tan a gusto en un papel, o quizá sea que la conexión con el director saque lo mejor de él. Alterio sigue empeñado en perpetuar el papel de tonto perdedor, espero que pronto le den otro papel y volvamos a ver al actorazo que esconde en su interior. De Juan Diego Botto ni hablamos, intenta dar siempre una transcendencia a sus personajes algo desmedida. Echarri, como siempre, estupendo, hay actores que sabes que nunca van a fallar. En cuanto al resto del elenco destaco al hijo de Sbaraglia, del que estoy segura tiene mayor protagonismo en el libro. Quizá esa sea una de las partes en que la peli quede algo más floja, nos presenta un mundo ideal cubierto de apariencias en el que el fondo es más oscuro del que le gustaría a los protagonistas, excepto quienes terminan huyendo de todo esto, que son más normales, más como se supone que las familias son, con discusiones abiertas, hablando de los problema en la mesa a la hora de cenar, con un adolescente díscolo, una madre mojigata y un padre simpaticón. La estampa es necesaria para establecer el contraste entre las cuatro parejas, aunque me faltan los matices que seguro que aporta la novela.
Aún así, os la recomiendo.








