Desde un pequeño lugar del mundo











Kent Follet define con dos características contrapuestas a los protagonistas de sus historias: o son activos y toman la iniciativa, como lo pueda ser Indiana Jones, o son espectadores, meros personajes secundarios envueltos en algo que no saben cómo. Ese personaje que despreciaba Follet porque no le hacía vender libros, es el protagonista indiscutible de Polanski, para quien la visión, la manera particular con la que vemos el desarrollo de las historias a nuestro al rededor, pura teoría postmoderna por otro lado, es fundamental. En Chinatown, es la figura de un detective privado, pero no al estilo Hammet; en Frenético un hombre común es el centro de la historia, porque secuestran a su esposa, pero su incomprensión de las cosas que pasan a su alrededor es absoluta; en El Pianista hay una escena bastante larga del prota mirando por una ventana viendo los brutales acontecimientos de Polonia; en Rosemarie´s baby la protagonista es el centro, aunque ella no lo sabe hasta el final. En esta película un fantasma, alguien del servicio, un personaje menor, descubre un conflicto por mera casualidad, simplemente limpiaba el cuarto de un muerto cuando se encuentra unos papeles que son el Mcguffin de todo. Por cierto, tanto la música como el desarrollo de la trama son claros herederos de Hitchcock.

El ambiente opresivo, de thriller tradicional, lo consigue a través del tratamiento del propio espacio, la casa donde se desarrolla la mayor parte de la historia es tan fría por su diseño y sus espacios abiertos como opresiva las cuatro paredes de Repulsión, uno de sus primeros films. Pero lo intersante no es la historia en sí misma. De cualquier otro director un final poco sorpresivo, y con el descubrimiento de la verdad de manera tan poco original sería un fiasco. Pero con Polanski se aprecian otros detalles, es más lo que se aprecian son precisamente los detalles. La escena en la que el escritor aparece en la puerta de Emmet y su mujer está hablando por teléfono, parece hablar del protagonista con otra gente, y él parece darse cuenta, pero no hace nada. Con ese pequeño detalle aumenta la tensión y la paranoia porque no se sabe con quién hablaba y en ese preciso momento el espectador es consciente de que todos son sospechosos, de quer nadie es inocente en toda esta trama y de que el protagonista está condenado antes de saber la verdad.

Otro de los detalles que me gustan es que no explican todo el complot. No explican por qué el ex-presidente se decide a contar la verdad de esa manera. Y ese no explicar, tan europeo, me fascina, me gusta que nos traten como a personas con imaginación y que vamos a discutir todas las implicaciones después de la película, algo que no pasa con el cine norteamericano. Así me pregunto, ¿las mediddas de seguridad eran para evitar que su mujer lo leyese?; parece clara la alusión a Toni Blair, pero más clara me parece la alusión a Ronald Reagan, a su función de pelele, como actor, que era, dirigido desde atrás, y por lo tanto la figura del ex-presidente más como una metáfora de los gobiernos actuales, donde se elige al orador genial antes que al estadista, esa idea de la máscara que es otra constante en las películas de Polanski, las personas que no sabemos quiénes son realmente, elemento rescatado de la tradición teatral europea del s.XX.

En fin, Polanski siempre genial, siempre tanto de qué hablar que se merece volver a ver sus pelis de nuevo.



etcétera
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