Es un film interesante, como todo cine francés, de ritmo lento, claro, y que no puede dejarnos indiferente. Sé que a espectadores acostumbrados a otros ritmos este tipo de película les cuesta, les aburre y no entienden ni papa. Así que a priori es un reto, siempre, ver una peli de estas características, donde no se va a explicar las pulsiones de los personajes.
La cámara sigue sistemáticamente a la protagonista desde atrás, nos enseña su espalda, la seguimos. No observamos su rostro, excepto en las escenas con diálogos. Es un personaje que se aleja, ¿de qué? ¿qué es lo que no le gusta de su vida?: es una pianista de éxito, ha grabado varios discos, tiene una gira proyectada, un marido que la engaña, pero que la quiere; una buena casa y dinero. Pero no es una película sobre el drama de una mujer al descubrir que su marido la engaña. De repente ella tiene muy claro que ése no es su lugar en el mundo. Y al final me da la sensación de que es una película sobre nuestra búsqueda de un lugar en el mundo; o quizá una búsqueda a la desaparición, desde una perspectiva más del siglo XXI. Vila-Matas habrá disfrutado esta película, donde ella no quiere ser encontrada, deja de tener contacto con nadie que la pueda reconocer, desaparece. Y esto me lleva a una nueva reflexión, a un pensamiento transversal algo difuso pero sobre el que no paro de darle vueltas: si la primera búsqueda del artista es el reconocimeinto social, ¿por qué de un tiempo a esta parte cada vez más son las voces que hablan de la desaparición? Joy Division con Disappear; Radiohead con How to disappear complety?; The Stroks cantan I wanna be forgotten; Los Planetas versionean a Joy Division; la obsesión de Vila-Matas es de sobra conocida; Pynchon no aparece en prensa, no hay fotos de él…
Me pregunto, entonces, si desaparecer es otra de las características de este postmodernismo que nos ha tocado vivir y que nadie sabe qué significa.





