Del director de American Beauty, Road to Perdition o Revolutionary Road, por si algún despistado no sabe de quién hablamos, nos llega esta tierna y divertida historia. Al castellano se ha traducido como El mejor lugar del mundo, aunque a mí me habría gustado una interpretación más literal y cañí: Allí que vamos. Mendez vuelve a dirigir con un presupuesto más reducido, lejos ya de las superproduciones, una peli de corte independiente, con diálogos, banda sonora y forma más cercana a Garden State o Juno, una road movie sobre encontrar un hogar, un lugar en el mundo, en un concepto de familia que se parece bastante a lo que mi padre me decía, que la familia es mejor elegirla que aceptar la que te ha tocado. Así los protas van recorriendo diferentes Estados, viendo diferentes tipos de familia, ninguna igual, hasta que encuentran su propio lugar. Un buen ejemplo de por qué nadie ha de decidir sobre el concepto de familia ni ningún tipo de estigma social, aunque en esta historia en concreto sean todos heteros.
Y por supuesto una banda sonora acorde con el folk indie que está de moda ultimamente:


