Alison Lurie construye una sátira entorno a la sociología como ciencia. Ciencia en la que no confío especialemente, quizá porque la comprendo poco. Estoy leyendo un libro sobre estratificación social y me voy indignando página a página. Ya os contaré. Mientras tanto no puedo recomendar un libro entretenido, gracioso por momentos, pero que aporta poco. Una pareja de sociólogos decide hacer un experimento en un grupo reducido con unas curiosas creencias religiosas, realmente postmodernas, quejuntan el pseudocientifismo, con el espiritualismo y la iglesia metodista. Se supone que no deben ser inductores de ningún cambio grupal, pero uno de ellos se siente atraido por la profeta del grupo, y otro se termina autoproclamendo dios para concluir su estudio con éxito.
Interesantísmo ensayo de Ramonet, prestigioso director de Le monde, crítico con la crisis, que nos explica cómo se ha gestado de dónde viene y cuáles son los peligros a los que nos enfrentamos. Fácil de leer, corto pero contundente me quedo con un detalle escalofriante: de los economistas en los que está basado el modelo actual de libre mercado, ganador del Premio Nobel de Economía en el 74, que en realidad es el premio que da un banco de Suecia y que no está en los primeros premios pensados por el tal Nobel, Friederich Hayeck, nos cuenta que entre todas sus teorías destaca que la democracia y el libre mercado chocan entre sí y que la capacidad del Estado debe ser menor que el peso de los mercados. Tan es así que prefiere lo que ha denominado la “Democracia mínima”, o en su caso, una dictadura como la de Pinochet, con el que estuvo colaborando, precisamente, en la privatización de las minas, que había hecho públicas previamente Allende, y cuyas consecuencias estamos viendo hoy en día en la prensa: la empresa se declara en ruina cuando cinco mineros se quedan atrapados, eso sí pide disculpas y quien tiene que rescatarlos es el Estado, que, menos mal, no esta débil como Hayeck y Pinochet querían si no ahora serían cinco “daños colaterales” de ese estado “idílico” capitalista. A mí me da que Hitler ganó la guerra y nadie se ha dado cuenta. Saber ciertas cosas me provoca pesadillas.
La intención de Gopegui es muy buena, ¿qué mejor que en una adolescente que surja la necesidad de rebeldía, de buscar su propia identidad, su propio lugar en el mundo, sus propias razones? Quizá lo peor de la lectura de este libro, con el que coincido en muchas de sus tesis, es tener a Hornby detrás, el autor que mejor me ha hablado de música en una novela. Y es un tema complicado, porque hablar d euna canción, hacer que se escuche con palabras que no son las que usa el compositor es complicado. Y Hornby habla de música, sin distinciones, para él todo es pop: ¿escuchaba música pop por tener el corazón roto o tenía el corazón roto por escuchar música pop?, creo que decía en Alta Fidelidad. Y esa es la parte en la que mi percepción es distinta de la de la autora: es cierto que hay música con más actitud, con más fuerza, más desagarradora, pero por ello no puedo dejar de escuchar la melodía que me emociona por hermosa, aunque sea pop, o precisamente porque me va a hablar de otros temas, que también me preocupan. A veces, tan importante puede ser gritar con Nirvana, que dejarse susurrar y mecer con Belle and Sebastian.
Lejos de la prosa cuidada que nos tiene acostumbrados la autora desde Lo Real, sorprendente y emocionante libro, nos llega esta ora, que no puedo dejar de calificar de menor, entretenida pero sin ambición.
La última novela de Unai nos lleva a un pequeño pueblo, alejado de la capital, en este caso Londres, donde un grupo de jóvenes investiga qué pasó con la hermana desaparecida de uno de ellos veinte años atrás. Lo políticamente correcto me lleva a decir lo que cualquier crítica ha dicho, que es un libro sobre el horror de las dictaduras, las desapariciones, la tortura. Pero el libro aporta detalles que no puedo dejar de asociar: los represores son tres, que se van eliminando entre ellos hasta sólo quedar uno, que una bomba hizo que el dictador se pensase dos veces seguir en esa línea, y es cuando llega la transición, pero que después de ésta las fuerzas de ocupación no se van, y la población sigue teniendo miedo de mantener sus viejas costumbres, que fueron prohibidas sistemáticamente, y que las fuerzas de ocupación no hablan el idioma de ellos, no dejan de ser extranjeros a pesar de los años pasados, y parece que ya no va a desaparecer nadie, porque el gobierno ha cambiado, hasta que desaparece uno de sus amigos, y los chavales tienen ayuda por parte de uno organización clandestina que lucha por la libertad… A mí es que todo ello me resulta familiar, y me parece correcta las comparaciones que se hacen con Pinochet y demás sucedáneos. Me da que no sólo habla de “dictaduras” en general.
Eloriaga es uno de los escritores jóvenes que más interés me suscita. Sus primeras novelas destacaron por el uso de un lenguaje novedoso, desde la mirada ingénua del que se soprende al ver el mundo. En este caso la mirada se transforma y nos describe con detalle el horror de la tortura, un contraste más que interesante.
Me gusta pasear por la que considero que es una de las mejores librerías de Madrid, que es catalana, y que está situada en un espacio inmejorable: el Reina Sofía. La Central es una librería de cuatro plantas donde puedes encontrar libros en varios idiomas, y una amplia sección en ciencias sociales. Por supuesto su página web es estupenda y muy recomendable. No necesito más para saber cuándo publican mis autores favoritos, no necesito buscarlos por lugares perdidos de las estanterías para encontrarlos porque no estén en la lista de los superventas, los destacan por su calidad, simplemente. De ahí que sea sencillo encontrar lo último de Unai o de este politólogo de la Autónoma que llevo siguiendo desde que fue finalista en Anagrama con un ensayo claro y clarificador y desde el que se me emtió el gusanillo de estudiar políticas. Tristemente me tengo que enterar del fallecimiento de Rafael buscando información complementaria para escribir el post. Así que sirva también de homenaje hablar sobre este ensayo, de carácter divulgativo, sobre un concepto en el que, creo, todos podemos estar de acuerdo pero que parece que poca gente practica en un mundo donde decir la verdad de frente no resulta rentable: la democracia plural, la política de la mesura. Algo tan aristotélico como el justo medio y que no no resulta rentable políticamente en estos días donde el populismo y el engaño son la nota predominante. Destaco alguna de las ideas del libro que no voy a citar textualmente, la primera, que concuerda con Arendt, es que el ámbito conservador es antinatura, la vida fluye y adaptarse y mirar con optimismo y si miedo a los cambios está dentro de la naturaleza humana; la segunda es algo con lo que también dudo que alguien no esté de acuerdo, el peligro no son las ideologías sino el fanatismo, la intransigencia, debemos empezar a asumir que en el concepto de democracia está el diálogo, la tolerancia y el civismo (y no pegar a mujeres desnudas que se manifiestan pacíficamente sólo porque se está en contra como ocurrió el domingo 14 en Madrid); y la tercera que la lucha para conseguir nuestros derechos, como mujeres, emigrantes, trabajadores o cualquier otro sector, es lícita dentro de un sistema sano, y por lo tanto hay que apoyarla y respetarla. Anímense a leer, por lo menos.
Errata Naturae nos presenta una recopilación de artículos sobre una de las mejores series de la historia. Aunque estoy de acuerdo con una de las opiniones que aparecen: más que la edad dorada de la tv estamos ante la edad de oro del dvd, las series, cuando mejor se disfrutan, cuando tienes la temporada entera en casa y la administras a tu gusto.Con una estructura de menú, la comida es otro de los personajes de la serie, se nos presenta una serie de artículos con temas como el nihilismo o la explicación del final. Algunos parecen escritos para rellenar una columna semanal, otros son una reflexión más profunda.
El de Iván de los Ríos, con el que empieza el libro, es un análisis de la mitología del gángster, presentada por Enzensberger en su libro sobre la mafia, pero, creo, con más agudeza, con más profundidad.
Se me queda pobre el de Nöel Carrol sobre la atracción que el mal ejerce sobre el espectador. Es cierto que Toni Soprano no tiene una profesión de las llamadas honradas, pero creo que no llega a conectar con la serie de valores que representa, como también nos puede ocurrir con Dexter, y con la que nos podemos sentir identificados. Dentro de la tradición hispánica nos nos parecería extraño hablar de honor y valor como cualidades positivas, de las que en el fondo carecemos todos. Para mí ahí está la clave de la personalidad contradictoria del personaje: la increible paradoja que se nos presenta de querer emular los valores inculcados por el padre y lo que la realidad ocurre en el día a día, que nos pueda el miedo a la muerte, o a la cárcel, por encima del valor, del honor o de la omertá; que nos pueda la seguridad y la rutina y que nos cree ansiedad cualquier cambio brusco, nos lleve a mostrarnos inseguros y a cometer errores.
Y sobre el final… nada mejor que no comentar nada para que cualquiera saque sus propias conclusiones, es lo que quiso el director, así que para qué estropearlo.
Buen libro, con alti bajos, como cualquier recopilación de artículos, algo escaso en cuanto a contenido, hay muchísimos más temas sobre los que reflexionar, pero de aceptable lectura, sobre todo si disfrutaste de la serie tanto como yo.
Menudo chasco de libro, si bien es cierto que en 120 págs. tampoco iba a venir un sesudo ensayo sobre la camorra como el estupendo Gomorra. Pero en estos dos ensayos de Enzensberger tan sólo veo el oportunismo de publicar algo de un ensayista de renombre y con un Príncipe de Asturias a sus espaldas, para inagurar una editorial, que no dejan de ser dos artículos, dos anécdotas bien formuladas pero sin profundidad alguna. Es decir, me resulta interesante la relación entre las hermandades de pícaros, surgidas en la España del XV con la creación de la camorra, así como la jerarquía preindustrial que existe en la mafia, ver sus causas históricas, pero dichos datos quedan como meros rellenos de anécdotas en vez de profundizar en ellos: más me hubiese gustado que siguiera en ese sentido y no que me cuente un juicio por asesinato del año 55 y que termine el libro diciendo que a la camorra se la ganó con el capitalismo, cuando todo el mundo sabe que sigue igual de viva que siempre.
Quizá lo peor de la construcción de los personajes es cuando dices que deben de ser de una manera y luego lo han de demostrar. Quizá lo peor de esta novela sea la voz femenina, la narradora que no para de expresar que está ante un interlocutor inteligente y que ha de forzarle a hablar, que cuente sus secretos, lo que hay detrás de tres entradas de un blog que la ha enganchado. Presumir que controlas un tema, y que eres inteligente antes de demostrarlo sólo sirve para que lo que forzosamente nos ha de parecer ingeniso no nos lo parezca tanto. Y ahí la narración cae. Lo que me gusta de los guardias civiles de Silva es su humildad para resolver los casos, no usa esa muletilla de “este malo es muy sagaz pero yo lo tengo todo en la punta de los labios, hay algo que se me escapa y lo voy a descubrir porque soy la caña”. Los guardias civiles son sistemáticos y hacen su trabajo. Aquí Silva ha empezado por el final, y aunque la idea es ingeniosa, ni es el primer libro sobre chats, ni, espero, será el último. Aunque sí espero mejor literatura la próxima vez.Sobre la muerte de Michael Jackson que hablen otros.
Última entrega de la serie que cierra esta trilogía que nos ha sorprendido a todos. Si la primera se puede leer como una novela independiente, ésta es una clara continuación del segundo. La acción parte del momento en que deja a los protagonistas en el segundo libro y, aunque intuimos que habrá final feliz, nos atrapa con las mismas técnicas que nos tiene acostumbrado el cine norteamericano: intriga, buenos, malos, acción y alguna sorpresa. Lo que me ha quedado muy claro es que la historia global la tenía en mente antes de empezar el primer libro así que, igual que en el segundo hay una primera parte de comienzo algo autónoma con respecto a la trama principal, la primera historia podríamos englobarla en una amplia presentación de los personajes y cómo se conocen, como una primera aproximación a la trama principal.He leído que este buen hombre había escrito mucho más, que decidió destruirlo todo y empezar de nuevo y que queda media novola en disputa entre sus herederos. Lo malo , y lo bueno, de los escritores muertos es que la ficción les atrapa y ya no hay manera de distinguir leyenda y realidad.
En definitiva la última entrega no decepciona, sigue las pautas narrativas que nos han podido gustar en las entregas precedentes y se mantiene en los lindes de la novela negra, menos negra que la norteamericana de posguerra, en la actualidad los buenos no son tan malos.
PD: Que sea una revisión de la figura de Pipicalzaslargas no hay ni que decirlo, ¿verdad?
Abril Rojo me sorprendió. Cuando leo una novela como aquella no puedo más que seguir incansablemente a su narrador, con los altibajos normales de una carrera, pero con la seguridad que me da saber que escribir un buen libro nunca es por casualidad. Su siguiente novela es algo más ligera, nos adentra en la política del caribe, pero también en la propia paradoja de ser escritor. Intercalando los capítulos nos cuenta a la vez el libro que le han encargado y la historia de dicha creación. En mi opinión estamos ante una novela paródica, tanto del mundo editorial como del aura del autor, ni tan maldito ni tan vendido, el narrador nos habla más de lo que él se había imaginado que debía ser la realidad, de cómo debería ser para ser literaria, de tal manera que la memoria de la dama queda difusa ante la ficción, ella misma no se reconoce en esas páginas. Definitivamente el Mal de Montano anda muy extendido ultimamente.Bien escrita, aunuqe sigo prefiriendo la crudeza de Abril Rojo.




