Desde un pequeño lugar del mundo











Pou ha puesto en escena esta obra de Bennet llevada al cine en 2006, muy oportuna en el momento educativo en el que vivimos, en el que tratamos a las chicas de 16 como niñas y a los delincuentes de 16 como adultos: máximas penas de cárcel se piden para personas sin derecho a voto y sin derecho a decidir sobre su cuerpo.
El teatro siempre es un acontecimiento con algo de mágia, por algo el escenario se considera un espacio “sagrado”. La comunicación que se establece es muy especial y sin duda la obra es muy recomendable, no tanto por las actuaciones, quizá algo exageradas para mi gusto, como por el tema, que no es otro que el tipo de educación que debemos impartir: ¿nos inclinamos más por los datos, lo efectivo, lo que los demás quieren oír, o por una educación más amplia, que nos hable de la vida, y de las pulsiones que nos hacen sentir vivos? ¿Pueden coexistir o son excluyentes?



{enero 31, 2009}   Urtain. Animalario

Anoche tuvimos el privilegio de ver en Altea a este grupo de teatro. ¿Quién dice que sufrimos una crisis cultural? Hay que estar ciego para no ver que en este país, tan pequeño, tenemos verdaderos talentos, no hace falta irnos fuera para ver lo mejor. Claro que Eugenio Barba impresiona, o Peter Brook, pero aquí tenemos directores de la talla de Calixto Bleito, o grupos como la Fura. No menciono a otros que con tener oficio y ser buenos directores de actores no me parecen que renueven con cada puesta, que me emocionen de la misma manera, o más aún, que me revuelvan las entrañas. Porque el arte, podrán no estar de acuerdo pero se equivocan, debe conseguir modificarte, de alguna manera, tu forma de pensar o de sentir, sustancialmente. Después de una buena obra, de ver realmente arte, no puedes volver a ser el mismo.

Urtain tiene esa cualidad, de teatro bien hecho, de interesantes efectos visuales al más puro teatro, este arte intensamente posmoderno, pues en el mismo momento de su representación cambia, mere, qué menos eterno, qué más fugaz.

Anoche vi una obra bien medida, en tiempo, en juego de luces, movimiento de actores, en mezcla de efectos visuales procedentes del cine con elementos intrínsecamente teatrales. Impresionante fue la actuación de Roberto Álamo, sin duda ha conseguido ser Urtain.

Anoche vi una obra que nos hablaba de un hombre, pero también del país en el que le tocó vivir, al que representó, el que le traicíonó. Como hombre Urtain sufrió la ascensión-gloria-caida de un boxeador, usado por sus amigos, por la gente de su entorno, historia que nos han contado tantas veces y que nos sigue emocionando, porque nos muestra nuestras debilidades, nuestros miedos, nuestras frustraciones. Podían hablar de un boxeador, o de un cilista, un jugador de fútbol o un actor de moda, de todos aquellos que sufren la fama, y mientras estás allí, todo son sonrisas, y amores y amigos. Pero en el olvido sólo existen esos flotadores que uno mismo busca, a veces el alcohol; otras, la droga; al final, la muerte. Una obra que nos hablaba también de este país, de su transición, gloriosa, en la que personajes de farándula nos son mostrados con esperpento, en la más pura tradición literaria, pero actualizada: Raphael, el cantante del régimen; Adolfo Suarez, de director de RTVE a estandarte de la transición; Jose María García, el cacique del deporte; Eugenio, contando chistes, aunque éste, maldita la gracia.

Lo pero de la noche, cuánto lo siento, fue el público, que tuvo la descortesía de abandonar la sala antes que los actores terminasen de saludar, no porque no hubiese gustado la obra, sino porque la confundieron con una representación escolar.



Hablar de terrorismo en este país no resulta fácil, y más en vísperas de elecciones. Pero me he alegrado muchísimo de que el estreno de la obra se haya hehco relativamente cerca de casa. Nos bajamos hasta Molina de Segura para ver una obra en la que, estoy convencida, conseguirán un mayor clímax de tensión cuando la estrenen en el Festival de Otoño, pues para ser una obra furera se mantuvo dentro de los límites teatrales de la convención, algo fría para mi gusto. También es cierto que con XXX hubo gente que se escandalizó en el Teatro de Madrid de la Vaguada cuando tampoco nos pareció para tanto.
Sólo puedo hacer una crítica positiva ante una obra bien hecha: perfecto el juego de luces, algo fríos los actores, eso sí, y con un gran texto donde no se juzga, se expone. Quizá por eso mismo parece que pueda sentar mal a algunos sectores de la población, porque un actor que hace de terrorista no se parezca un malvado indio sacado de una película yanqui. Pero los humanos somos así, seres complejos y con contradicciones, en nuestras creencias y en nuestra forma de actuar.
La obra no habla de ningún grupo terrorista en concreto pero plantean la disyuntiva entre acción política y acción armada de cualquiera de estos grupos. Por lo que se ve en el texto aparecen discuros de Ché, de Bush y de Szarkozi, pero no los he reconocido en cada momento.


etcétera
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