Desde un pequeño lugar del mundo











La última novela de Unai nos lleva a un pequeño pueblo, alejado de la capital, en este caso Londres, donde un grupo de jóvenes investiga qué pasó con la hermana desaparecida de uno de ellos veinte años atrás. Lo políticamente correcto me lleva a decir lo que cualquier crítica ha dicho, que es un libro sobre el horror de las dictaduras, las desapariciones, la tortura. Pero el libro aporta detalles que no puedo dejar de asociar: los represores son tres, que se van eliminando entre ellos hasta sólo quedar uno, que una bomba hizo que el dictador se pensase dos veces seguir en esa línea, y es cuando llega la transición, pero que después de ésta las fuerzas de ocupación no se van, y la población sigue teniendo miedo de mantener sus viejas costumbres, que fueron prohibidas sistemáticamente, y que las fuerzas de ocupación no hablan el idioma de ellos, no dejan de ser extranjeros a pesar de los años pasados, y parece que ya no va a desaparecer nadie, porque el gobierno ha cambiado, hasta que desaparece uno de sus amigos, y los chavales tienen ayuda por parte de uno organización clandestina que lucha por la libertad… A mí es que todo ello me resulta familiar, y me parece correcta las comparaciones que se hacen con Pinochet y demás sucedáneos.  Me da que no sólo habla de “dictaduras” en general.

Eloriaga es uno de los escritores jóvenes que más interés me suscita. Sus primeras novelas destacaron por el uso de un lenguaje novedoso, desde la mirada ingénua del que se soprende al ver el mundo. En este caso la mirada se transforma y nos describe con detalle el horror de la tortura, un contraste más que interesante.



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